domingo, 1 de septiembre de 2013

Spinetta: Kamikaze

Tres décadas después, Kamikaze sigue surcando el cielo de los tiempos haciendo gala de su expansivo carácter de disco intimista.

Cuando en septiembre de 1980 Serú Girán y Spinetta Jade compartieron el escenario del estadio Obras yo fui a ver a Charly. De hecho bordeé el aburrimiento durante la actuación de Luis y compañía: a qué negarlo tantos años después. Yo todavía era muy chico para casi todo; también para el jazz porteño de Jade, para su urbanismo hermético. A la mayoría de amigos que nos sentamos en el incómodo cemento de esa popular le pasó algo parecido; salvo a uno, que para ese febril entonces ya era pelado y músico, e insistía con primar las estructuras complicadas de “Dale gracias” o “Amenábar” frente a los estribillos de “Perro andaluz”. Soy un tonto en seguirte, le decía yo.

Después pasaron cosas: las malas, muy malas, y las buenas, muy buenas. Y muchas de ellas al mismo tiempo, como suele corresponder a la edad. Entre las primeras destacó la guerra de Malvinas y entre las segundas, casi al mismo tiempo, la publicación de Kamikaze. Este paréntesis de Jade me encantó enseguida, sobre todo porque me pareció accesible. Ocurre normalmente que el error constituya un camino recto hacia el acierto o el hallazgo, pues de accesible este disco acaso tenga la portada monocromática y poco más. La rejuntada de temas que, por hache o por be, no habían entrado en anteriores entregas no abunda en la disparidad estilística; es más, todos los temas parecen haber sido compuestos el mismo día, a pesar de que alguno como “Barro tal vez” datara de su adolescencia.

Con Kamikaze Spinetta desata una introspección (valga el oxímoron) que no por visitada pierde el asombro. La lírica de “Ella también”, el folclorismo noise de “Casas marcadas” o la dulce “Quedándote o yéndote” encajan como un guante con la épica sepia de “Kamikaze”, la fábula faunística de “La aventura de la abeja reina” o el desmembramiento yoístico de “Águila de trueno”. Esta nueva apuesta solista de Luis fue en su momento prácticamente inadvertida, pero trazaba una hebra impalpable con Artaud (casi diez años atrás) y prefiguraba en cierto modo Pelusón of milk (casi diez años después), conformando una trilogía del futuro que habla con la misma insolencia del amor, la poesía o las viejas medallas.

Supongo que nadie tiene la culpa de que Luis haya muerto. Y yo hasta he conseguido estar contento, pues a día de hoy ya puedo volver a afrontar su discografía sin llorar necesariamente. A día de hoy debo decir también que aquel joven pelado y músico sigue siendo pelado y músico. Y también mi amigo. Ahora es él quien prima la sencillez compositiva, mientras yo escucho algunas músicas que no entienden ni sus compositores. Otra vez con el futuro, el pasado y sus zonas intermedias. Que todo sea como vos quieras, le diré la próxima.

Kamikaze (1982, BMG)

Alejandro Feijóo


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