Vuelvo a
tratar a la chica joven. Y es verdad que nadie me lo pide, pero acaso sea una
forma de mantenerme lo más cerca posible de la línea divisoria. Cierto es
también que ocupo con ella los ratos libres de Sótano, que son más que los que
creí estando del otro lado. He de reconocer que ahora me abruma la rutina que
fuera tan deseada. Y me ofende la llaneza de mis nuevos compañeros, el descaro
varonil con que se tratan unos a otros. ¿Debo tener compasión y acabar de una
vez con ella? De hecho lo tengo, el comportamiento compasivo, y no utilizo
ningún otro instrumento más que el que me proporcionara Jefe aquella tarde. Aún
no he conseguido descifrar el porqué de que este artilugio, tan sencillo como
pueden serlo dos brazos metálicos ensartados por un muelle, no se utiliza a
mayor escala.
