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jueves, 2 de febrero de 2017

Visiones de Johanna

La pluma, para ser algo más que un cálamo zurcido por hilachas, debe interpretarse como un hecho real; esto es, un cálamo zurcido por hilachas de éste y otros cielos; sólo así, dice Johanna, habrá vuelos más allá de este vaivén, exasperante, que no es sino la espera de un final que no veremos, del que no podremos comprobar la esperanza que esta tarde le presuponemos.

El hombre riguroso no quiere, aún, exteriorizar su desconsuelo, pero ni siquiera así, remotamente, es capaz de perseguir el hilo de un razonamiento, a su criterio, mal aprove­chado.

Johanna alza los ojos y espera. Una pluma, que cae hacia ella, levanta vuelo y vuelve a caer. El hombre riguroso también alza los ojos y espera en vano. Johanna dice: la pluma debe interpretarse como un hecho real.

Regencia

Sé de todo lo que el espacio me contiene. 

El mundo alza sus par­tes, también el muro que regento: cuatro ángulos que son azar en el contexto. Ale­tear no es de mis ojos, son miradas de otras vidas las que alivian la llana de­licia de casa. Más bien, paso de noche como con manos de ver el tac­to, en ganas de círcu­lo y huevos romos. En voluntad, rumbo al diáme­tro, giro en esca­le­no por cuen­cas y arru­gas y ruedo de tabique a com­probar bri­llos que no fir­mo, aun cele­brando su oca­sión. La boca no dice nada de co­men­tar algo. Sabe que no hay piano po­sible; su solo nombre es­pan­ta de piedad al cu­rioso de reso­nan­cias.

Un silencio de vez en cuando.

A un cielo de distancia

A un cielo de distancia

Until the moss had reached our lips.
Emily Dickinson

Sentado al vano de tus ojos delineados
     mareado, roto, casi vivo
compongo rocas dulcemente talladas
sobre el espejo en que te vi.

Poemas

Dejo apenas por un momento la digresión prácticamente infinita del trabajo asalariado para resumergirme en el mejor oficio del mundo: ser poeta

Que queda por ausentarse

Del abrazo un suspiro de lago
Sus aguas amansan
Por encima del sueño salobre
Desvalido del almíbar
Un aljibe más del desvelo
Que desagua sobre tus cuerpos
Siempre fugados
Sin la forma de las yemas
Sin hundirse en lo hondo
Siempre yéndose cuerpos
Barco a barco
Siempre la espuma hundiendo a la vigilia
Aunque parezca mentira.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Poemas culinarios

“¡A la mesa!”, gritó mamá. Y todos corrimos con papel y lápiz a lavarnos las manos en la belleza sencilla de la cebolla y el congrio

Desde los púlpitos soviéticos, la bocha lustrosa de Lenin temblaba de emoción al declarar la violencia como la partera de la historia. Lo que en realidad significaba el intenso de Vladimir era que en la cocina de la humanidad bullían los guisos de las bayonetas condimentados por la clase social que protagonizaría el porvenir. Las cosas después se fueron torciendo, sería inútil negarlo, y los humos de la antítesis hoy ennegrecen aquello que irremediablemente acabará por no llegar nunca.

Poemas equinos

Montados a lomo de la palabra recorremos algunos poemas en los que el caballo va cabeza a cabeza con la metáfora.

Si uno pertenece a la categoría “niño de ciudad”, es más que probable que la primera referencia al mundo equino fuera la del caballo blanco de San Martín (o el del apóstol Santiago o el correspondiente equivalente transmundano), incólume en su cromática leyenda redundante por los Andes de los renglones. Desde su galope resignificado a través de los pasos cordilleranos, el corcel comienza a abocetar una mística que se embarra como los héroes de dos metros con la misma facilidad con que construye hazañas domésticas, prácticamente inexistentes. Así, el caballito no tarda en alzar las primeras metáforas, que podrán estar vinculadas al espasmo de una idea o al enhebrar de los sentires más remotos, pero siempre con riendas de vivir el tiempo hasta que el magma-palabra erupcione sobre el ansia del embridar.

Roberto Juarroz. Poesía vertical

Una edición bilingüe de la Poesía vertical de Roberto Juarroz lleva hasta Italia algunos de los versos más precisos jamás escritos en español.

Bien mirado, no cabe duda de que la poesía es un idioma universal, tal y como lo atestiguan estratos de generaciones que han volcado en el poema sus objetos más recónditos de deseo y temor. Sin embargo, cualquiera que se haya acercado a las celdas de la colmena de la traducción poética puede atestiguar la profundidad de aljibe de un verso cualquiera, inasible en tanto idea de la palabra y no del poeta, lo cual coloca a la convención universalista en la categoría de eslogan de centro comercial.

Poetas y locura

Verso a verso nos encontramos de golpe con una selección del todo caprichosa de poetas que, casualmente, coincidieron en el uso y abuso de lo que está más allá de la palabra.

Conversaban dos que no fueron poetas. Decía Aquel: “No se puede ser feliz y decir la verdad al mismo tiempo”. Y el Otro abundaba: “Así deberían empezar todos los libros...” No hacía entonces mucho calor ni tampoco frío. Y tal vez fueron las condiciones de normalidad las que contribuyeron a multiplicar las ingenuidades.

El suponer que se puede ser feliz (o incluso, estarlo) desprende un aburrimiento que hasta resulta contagioso, mientras que creer en la posibilidad de decir la verdad se instala en la categoría de evangelio, si primero hubiese sido el verbo. Mientras, el Otro imaginando que habrá seres escribiendo libros. Y que estos empiezan alguna vez en alguna parte.

La palabra nombre es en sí un estallido. Y el nombrar, un big bang en blanco con vacío de fondo. Toda la vida se persigue ese alumbramiento, aun sabiendo que tras el paréntesis no nos espera sino el límite de la palabra, que es el del cuerpo. Y a todo esto, el tiempo, en el cual somos sin que él sea nada. A la materia misma un verbo está adherido. Por eso estos poemas, esta selección, porque no se puede atrapar a la palabra al mismo tiempo que se la atrapa. Así deberían empezar todos los días.

Alejandro Feijóo