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martes, 19 de noviembre de 2013

La historia del peine en la historia

Del marfil de hipopótamos egipcios al actual plástico duro made in China, el peine ha sido siempre ese señor dentado que nos permite salir lindos en las fotos

Mucho antes de que el peine se hubiera convertido en ese objeto que encaja perfectamente en el bolsillo del caballero; mucho antes también de que el pelo se volviera fetiche de una sexualidad más o menos intensa, y mucho antes –por supuesto– de que los clorofluorocarbonados de lacas y fijadores hubieran dado en la diana de la capa de ozono, el peine ya había mostrado sus dientes en las fauces de la humanidad. La galería fotográfica que les presentamos a continuación da buena fe de esa presencia histórica, acaso modesta pero nunca marginal.

Esos raros peinados nuevos

La presencia del peinado femenino a lo largo de la historia de la pintura oscila entre la captura del momento íntimo y la intromisión de un observador que no es neutral

Es probable que la presencia femenina en tanto motivo pictórico tenga como competidor exclusivo al mismísimo Jesucristo, el único que acaso pueda hacerle sombra en cuanto al número de apariciones. Las causas se presentan bastante evidentes: las sinuosidades que se le suponen al cuerpo de una mujer, su desnudez (primero virginal, después más insinuante) y la frágil sensualidad que desprende han sido objeto de placer masculino y, por ende, constatación de su supremacía como sujeto histórico. En este contexto socioestético, las cabelleras constituyen la metáfora más precisa, la hebra que une todos los vértices de un significado que hunde sus raíces en la historia de los grupos sociales humanos.