Nueva entrega de nuestro
compendio de novedades discográficas, en el que coinciden chicos malos, chicas
mandonas y un señor que vive protestando.
Desde
que la industria discográfica certificara su propia defunción, allá por el
advenimiento de internet, la cantidad de novedades musicales se fue
multiplicando al ritmo de los panes y los peces. Para explicar este proceso en
apariencia contradictorio podrían esgrimirse una multitud de motivos: la
conversión del oyente en usuario, el final del culto al objeto-disco, la simple
y llana piratería vikinga o la bipolaridad de una industria que se afana por
explotar todas las ventajas (propias) de la red de redes a la vez que censura
todas las ventajas (ajenas) de la red de redes. Sea como fuere, no nos toca
valorar esta realidad compleja y sí exprimir en pocas líneas las beldades y
algunas de las fealdades de estos discos crujientes como milonguitas recién
salidas del horno. Prick up your ears!