Tras una larga y sólida trayectoria, Julio Lavallén nos presenta la
serie "Talkin Heads", donde las cabezas piensan entre sí.
Es probable que quien haya tenido
la dicha de relacionarse con la obra de Julio Lavallén (Concordia, 1957), en
alguno de los múltiples diálogos que esta propone, haya intuido intersecciones con
los trazos de Francis Bacon, las formas mórbidas de Jan Saudek, la sensualidad
abandonada de Egon Schiele. Y a su vez de todas ellas con Velázquez, como leña
maestra de la que resulta necesario astillarse. Y no será vana esta intuición,
pues más allá de los aspectos formales que las enlazan, más allá de la rehabilitada
lubricidad de las carnes, tendrá el espectador la poco cómoda emoción de que la
realidad no se compensa sino que se exhibe –aun engatusada por lo onírico– como
miembro del instante, que como todos sabemos es el único vértice donde el
tiempo nos obedece.