David Byrne reelabora el
concepto de colaboración gracias a un disco conjunto con St. Vincent en el que
se suceden altibajos muy bien maquillados.
Si
el redactor jefe de esta publicación hubiera restringido el uso de la palabra
“versátil” sería prácticamente imposible presentar a David Byrne sin caer en el
mejorable “renacentista” o en el impreciso “polifacético”. Pues qué si no
talentosa versatilidad es lo que destila este señor escocés hoy sesentón, que en
los años setenta visitó el punk, en los ochenta rediseñó el pop tras coquetear
con el ambient, en los noventa se dejó cautivar por el merengue y que en este
siglo sigue ofreciéndonos piezas tan poliédricas como este Love This Giant, grabado de forma colaborativa con St. Vincent
(nacida Annie Clark), una joven multiinstrumentista estadounidense llegada al
mundo cuando Byrne acumulaba ya media docena de discos en su buchaca vital.