La propuesta escénica constituye
el gran hallazgo de Cactus orquídea, una obra en la que el piso se convierte en
otra cosa
Un
escritorio, una máquina de escribir sobre él; el marco de una puerta que
conecta dos espacios vacíos; un piso con paneles que se articulan. Ante este
escenario despojado e inquietante se sitúa el espectador de Cactus orquídea, deseoso
por dejarse llevar y a la vez atento ante la resolución del oxímoron que
plantea el título de la tercera producción de El Ensamble Orgánico, escrita y
dirigida por Cecilia Meijide. Lo que no se tardará en descubrir es que el
desenredo de la madeja no se ofrece de forma lineal, pues la invitación es a
situarse en las entrañas de una obra poliédrica, donde un actor no es uno sino
muchos, y a la vez se convierten en tramoyistas que deambulan invisibles entre
los decorados y al mismo tiempo se incorporan con naturalidad a los recorridos
actorales.
