El sueño del hombre esta vez trae consigo un apéndice que duda entre buscar
y encontrar.
El hombre sueña que tiene
una mano metida dentro de sí mismo. Técnicamente el sueño presenta un error,
pues la mano entra por la boca apenas hasta la muñeca pero logra alcanzar y
revolver las tripas más alejadas. Pero no es esta licencia onírica lo que preocupa
al hombre soñador, acostumbrado a admitir los permisos del sueño cuando aún se
está dentro de este. El hombre sabe que el placer se encuentra en derrotar a la
tentación y no en sucumbir a sus adornos y recompensas, al boato de saberse
tentado, al ornamento del destello. Y sin embargo, en el sueño desde el que
relata, el hombre accede a la tentación de buscarse por dentro. Pide el hombre
que no se confundan: el señuelo es encontrarse pero la debilidad empieza y
termina con la búsqueda.