lunes, 27 de enero de 2014

Entrevista a Ian Gibson: “La memoria es muy traidora”

El hispanista Ian Gibson comienza hablándonos de su biografía de Buñuel recientemente publicada para terminar desmenuzando la triste España de hoy.

El Diccionario de la lengua española precisa que el hispanista es la “persona que profesa el estudio de lenguas, literaturas o cultura hispánicas, o está versada en ellos”. La definición resulta a simple vista incompleta, pues nada menciona acerca del carácter usualmente extranjero del hispanista. Pero cuando nos aproximamos a la figura de Ian Gibson (Dublín, 1939), pronto se descubre que la Real Academia Española ha olvidado la pasión con que este irlandés nacionalizado español desarrolla su trabajo, así como el rigor metodológico con que afronta la escritura de sus biografías, escrupulosas hasta la emoción.

De entre la treintena de libros publicados por Gibson destacan los dos volúmenes dedicados a Federico García Lorca, “sin duda alguna, el más misterioso de mis cuatro biografiados” como reconoce en su diálogo con Esto No Es Una Revista, iniciado a través del correo electrónico y completado en un encuentro en el madrileño barrio de Lavapiés, donde vive desde hace diez años. Se trata de un texto imprescindible si lo que buscamos es acercarnos al núcleo del poeta granadino. Y también para conocer y amar España a través de la poesía y el compromiso. Pero como en todos los grandes asuntos donde interviene lo humano, el caso Lorca también expone su reverso más feroz, el del odio de sus asesinos y el regodeo de los descendientes de estos, quienes “tuvieron cuarenta años para encubrir la verdad de lo ocurrido y lo hicieron a rajatabla”.

Ian Gibson se encuentra muy activo por estos días. La publicación reciente de Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal (Aguilar) ha traído consigo las correspondientes tareas promocionales. Pero el empeño bien lo merece. Siete años de investigación y estudio sobre Luis Buñuel y casi mil páginas editadas hablan de un proyecto que parece tener bastante de titánico. Aunque la majestuosidad del proyecto no resulta ni mucho menos caprichosa: “Se trata de una vida muy complicada, muy densa, y quería contarla en profundidad. Creía, y creo ahora, que merecía la pena: Buñuel es uno de los grandes cineastas mundiales y no tenía aún su biografía”.

¿Cuál cree que ha sido el gran legado, la mayor aportación de Luis Buñuel?
Comprender, con Dalí, que el cine era capaz de imitar, mejor que ningún otro medio, el lenguaje onírico, el lenguaje del subconsciente y las represiones. En este sentido Un perro andaluz es un hito, no solo en la historia del cine sino de la humanidad. Claro, no sale de la nada, ahí están los experimentos anteriores de los surrealistas, sobre todo, por lo que le tocaba al cine, el precedente inmediato de La concha y el clérigo, la rompedora película de Germaine Dulac. En toda su cinematografía posterior, por “alimenticia” que tuviera que ser, Buñuel logrará introducir gotas de surrealismo. Fellini dijo que ningún cineasta había logrado expresar el horror de las pesadillas como el calandino.

Se ha dicho de Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal que viene a completar la trilogía de aquellos “mosqueteros”, junto con Lorca y Dalí. ¿Qué lugar específico ocupaba Buñuel en ese trío?
Era mi intención completar la trilogía, sí. Empecé con Lorca, de Lorca me fui a Dalí y finalmente –con el intermedio dedicado a Antonio Machado– a Buñuel. Ellos fueron tres amigos inseparables durante la época de Madrid y la obra de cada uno debe mucho a la de los otros dos. Son literalmente inextricables. Quizá jamás haya habido tres creadores geniales tan íntimamente vinculados. Añado que sin otro íntimo de ellos, José Bello, no sabríamos de la misa la mitad, porque “Pepín” conservó la correspondencia epistolar que mantuvo con cada uno. Es un documento de incalculable valor humano. 


“Quizá jamás haya habido tres creadores geniales tan íntimamente vinculados como Lorca, Dalí y Buñuel”.


¿Cuál es el motivo por el cual su biografía de Buñuel abarca únicamente hasta los 38 años de vida del cineasta? ¿Existe la previsión de emprender la escritura de la segunda parte?
El proyecto original era hacer la biografía “completa”, como no podía ser de otra manera. Pero no fue posible por falta de financiación. Mi editor (Aguilar) se comprometió al principio a buscar fondos adicionales para cubrir la investigación en México pero no lo consiguió; el Gobierno de Aragón prometió una subvención que no llegó nunca; y tuve que decidir, unos años después, cortar por lo sano y terminar el libro al final de la Guerra Civil, cuando se inició el exilio del cineasta, primero en Estados Unidos, luego en México. O sea, donde entendí que había una línea divisoria evidente. No veo la posibilidad de seguir con la tarea. ¡Solo la aparición en el horizonte de un millonario mexicano benefactor me convencería de retomar el hilo!..., y no la preveo.

Usted ha investigado aspectos desconocidos de la vida de Buñuel, un personaje capital en la cultura española del siglo XX. Han pasado 113 años desde su nacimiento. ¿Cómo valora el hecho de que este retrato no se hubiera emprendido antes?
He investigado aspectos desconocidos de su vida, sí, pero también he escrutado todo lo ya sabido. Escribir la biografía de Buñuel es muy difícil. No se puede hacer, en primer lugar, sin saber mucho de Lorca y Dalí, por lo dicho anteriormente. Hay que saber, como mínimo, inglés, francés y español y conocer sus literaturas correspondientes; estar dispuesto a familiarizarse con una bibliografía inmensa y no siempre de fácil acceso; sentir fascinación por la tarea. Y tener una financiación satisfactoria garantizada. No me sorprende nada que mi intento haya sido el primero.

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Queda claro que la del biógrafo, al menos la del biógrafo serio y exigente, no es una profesión para complacientes. El puntilloso cotejo de las fuentes que realiza Ian Gibson suma faena a la tensión –acaso inevitable– que se produce entre la historia y su recreación. Si a ello le añadimos que la lucha contra la desmemoria suele tener algo de quijotesco, se puede concluir que los proyectos que emprende el hispanista irlandés tienen mucho de estoico empecinamiento. No casualmente Gibson se reconoce como un apasionado ornitólogo, un paciente degustador del avistamiento de aves.

¿Cómo compone el biógrafo una biografía? ¿Cuándo se sabe que se ha llegado al final del proceso de escritura de una biografía?
Hay que sentir pasión por el proyecto biográfico emprendido porque, si no, sería imposible llevarlo a buen puerto. ¿Quién va a dedicar miles de horas de su vida a escribir un libro así si no siente vocación por lo que hace, si no le fascina el biografiado, si no hay compenetración y complicidad? En cuanto al final del proceso, me imagino que ningún biógrafo se siente satisfecho de lo conseguido. Sería imposible porque sabemos que sólo hemos logrado rozar el misterio de nuestro personaje. A propósito, de mis cuatro biografiados, Lorca es sin duda alguna el más misterioso. 

“¿Quién va a dedicar miles de horas de su vida a escribir una biografía si no siente vocación por lo que hace, si no le fascina el biografiado, si no hay compenetración y complicidad?”.

A la hora de afrontar una biografía, ¿qué valor le concede al testimonio, al testigo directo, en relación, por ejemplo, a una fuente documental? Me interesa sopesar la subjetividad de aquella, su relato recortado, con la supuesta objetividad de un documento, el hallazgo de una carta…
¡Ah, las fuentes! Sean orales, sean escritas, hay que tratarlas siempre con suprema cautela. Sobre todo cuando el personaje ha escrito o ha dictado sus propias memorias (como en los casos de Dalí y Buñuel). En el prólogo de mi libro hablo de esto. Muchas veces quien escribe su autobiografía quiere proyectar una versión de sí mismo excesivamente halagüeña, ocultando episodios desagradables o vergonzosos o demasiado íntimos, tergiversando deliberadamente o a un nivel subconsciente. Al margen de ello la memoria es muy traidora, con lo cual hay que utilizar los testimonios orales con el necesario escepticismo. Un Buñuel o un Dalí nunca comprueban ninguna fecha, jamás ponen los pies en una hemeroteca para comprobar algo. Son creadores, fabuladores y estas minucias no les interesan. Por ello son necesarios los biógrafos. En cuanto a las cartas, también pueden mentir y distorsionar. Aunque, eso sí, una carta de Buñuel escrita en 1929 tiene mucha más probabilidad de exactitud que una anécdota suya elaborada a lo largo de décadas. En el caso de Mi último suspiro [las memorias de Luis Buñuel publicadas en 1982 (N. del E.)], que debería llamarse Mi último aliento –es una mala traducción del título francés original– el realizador incurre en numerosísimos errores y deslices que hay que señalar.

El psicoanálisis tiene una presencia que no puede eludirse en su obra. ¿Qué le aporta el elemento freudiano a la hora de componer una biografía?
Hay que tener en cuenta siempre lo subliminal. Por otro lado Buñuel reconoce en sus entrevistas, de manera explícita, su deuda con Freud, a quien todos leían, fascinados, en la Residencia de Estudiantes (no olvidemos que por entonces se publicaban en Madrid las obras completas del vienés). Cuando Buñuel llega a París y entra en la órbita del surrealismo, ya está imbuido de Freud, algo que les sorprende a André Breton y sus amigos. Como biógrafo, tengo siempre en cuenta las hipótesis del psicoanálisis pero espero que críticamente, sin perder los estribos. Buñuel tenía un “complejo de Edipo”, o sea, una relación casi incestuosa con su madre, y no podía desconocer lo escrito por Freud al respecto. Se nota la intensidad de aquella relación en muchas de sus películas. En Ensayo de un crimen, por ejemplo, y sobre todo en Viridiana.

¿Qué relación establece con la ficción, en tanto escritor? ¿Las novelas funcionan como una vía de escape de su trabajo de biógrafo?
Alguien ha dicho que el biógrafo es un novelista bajo juramento. Bajo juramento, es decir, no mentir mientras trata de elaborar una narrativa que se lea como una novela pero no lo es. Quizá los biógrafos seamos novelistas frustrados. He escrito dos novelas para cambiar de registro, para tomarme un descanso, pero, en el fondo, soy más biógrafo que novelista. Me falta la imaginación necesaria, creo.

En sus ficciones, narrador e historiador suelen compartir características y objetivos. ¿Hay una suerte de ejercicio de autoficción en sus novelas?
En mis dos novelas hay mucho de mí, desde luego. Si me aventuro otra vez por el camino de la ficción trataré de ser más objetivo, más inventivo.

Dado que el español no es su lengua materna, ¿cuál es su relación con el idioma de adopción? ¿Cómo ha evolucionado ese vínculo?
Es una relación muy compleja. Empecé a aprender el idioma a los dieciocho años y sigo aprendiendo. Cada día hay algo nuevo, algún descubrimiento léxico insospechado, algún giro, algún modismo. Se trata de un viaje que no acaba nunca, ni acabará. Soy muy consciente de no haber vivido mi infancia en español, de haber empezado tarde. Vivo el francés a un nivel más profundo, indudablemente, pues lo comencé a aprender mucho antes, a partir de los ocho años, y tenía algo así como una facilidad innata para el idioma. ¡Siempre me gustaba el subjuntivo! En resumen, trabajo constantemente el idioma, lo leo con intensidad, aprendiendo siempre, y creo que a estas alturas ya lo voy escribiendo con cierta soltura.

La figura del intelectual de referencia y su compromiso con la sociedad han cambiado mucho en el último siglo. ¿Cómo cree que se articula hoy día el compromiso del intelectual? ¿Cómo prevé que puede ser esta figura en el futuro?
No sabría generalizar ni soy vidente para presagiar el futuro. Además, me pregunto qué es un intelectual. No creo serlo yo, de todas maneras, tengo poca aptitud para el pensamiento abstracto. Soy una persona que gusta de investigar las vidas ajenas y dar fe de los resultados de sus pesquisas al respecto. Un poco detective literario soy, desde luego. Y sé que sé muy poco.


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Resulta evidente que el trato con Ian Gibson rezuma historia, aun sin ser él un historiador, “aunque a menudo la gente piensa que sí”, aclara. Un pasado que de forma casi necesaria sigue corporizándose en la época actual, ya sea por las acciones o las omisiones del ayer; ya por lo construido o lo que ha sido aniquilado. Un tiempo presente que tiene a España más contra un callejón sin salida que frente a una encrucijada, y que traza un futuro –en definitiva– ante el que resulta difícil ser optimista. Máxime, con tantos muertos sin enterrar.

La España oscura en la que Buñuel no pudo vivir, ¿ha quedado realmente atrás? ¿Qué valoración hace del momento que se vive actualmente en España?
No, no ha quedado realmente atrás, sigue ahí. La actual derecha en el poder me parece un desastre para el país, sobre todo porque se niega a afrontar el terrible problema de los 130.000 represaliados por el franquismo todavía enterrados en cunetas a lo largo y a lo ancho del país. La considero la derecha más ruin, más miserable, más absolutamente falta de ética de Europa. El momento que actualmente vive España me parece pésimo, en todos los aspectos...

“Considero a la derecha española la más ruin, más miserable y más absolutamente falta de ética de Europa”.

En el prólogo a la novela No se fusila en domingo (Pablo Uriel) sugiere que quizá sea adecuado cambiar el lema de Descartes “Pienso, luego existo” por “Tengo miedo, luego soy”. ¿Qué lugar cree que ocupa hoy el miedo en nuestras sociedades?
No se trataba de una novela sino de cómo cayó Sevilla en manos de Queipo de Llano, si no me equivoco. El miedo es el gran enemigo y creo que los que procedemos de las religiones monoteístas lo tenemos inserto en el meollo de la psique. El cristianismo no ha superado su origen, el tremebundo Yavé hebreo sigue allí arriba, el Dios de la guerras y de las plagas y de los castigos espantosos. ¡Cómo no sentir miedo! Acabo de leer detenidamente el Antiguo Testamento (en la traducción inglesa de 1970) y me he quedado horrorizado. Nací en el seno de una familia protestante y sé lo que digo cuando hablo de miedo.

¿Cuál es su opinión sobre movimientos como el 15M? ¿Cómo cree que debería ser su evolución?
A mi juicio, y con todos los respetos, no pueden tener consecuencias duraderas si no se integran en el sistema “democrático” existente para intentar modificarlo desde dentro. Al fin y al cabo, la democracia es el sistema político menos malo que se ha inventado. Creo que lo indica así la historia humana. El 15M me recuerda un poco –pensando ahora en el Evangelio– a aquella voz que grita en el desierto. Es una lástima, pero es así.

Tras tantos años en España y con el conocimiento profundo que usted tiene de nuestra historia y actualidad, ¿qué lección hemos extraído del pasado? En rigor, ¿las sociedades extraen lecciones del pasado o “la vida sigue”?
En estos momentos este asunto me trae muy deprimido, a decir la verdad. Y casi he contestado ya a la pregunta. No profeso tener el conocimiento profundo que usted dice de la historia española, pero creo poder decir que España es un país que tiene un gran desconocimiento de sí mismo, de su pasado y de su cultura. Un pasado ciertamente muy complejo, entre otras razones, por la mezcla de elementos constitutivos del “alma” nacional: cristianos, judíos, musulmanes, con sus idiomas correspondientes y apenas estudiados, en el caso de los dos últimos. Un ejemplo: en absoluto se les ha hecho justicia a los “moriscos” echados de España a principios del siglo XVII. Medio millón, se dice, de una población total de unos siete. Una expulsión brutal que hizo un daño irreparable al país. Aquellos seres eran tan españoles como los cristianos. Y hoy no se enseña nada de árabe en las escuelas españolas. Es patético, con las más de 5.000 palabras de origen árabe que contiene el léxico, sin mencionar los innumerables topónimos, empezando por Madrid.

La memoria histórica pareció haber adquirido categoría de “asunto de Estado” durante el último Gobierno del PSOE. Sin embargo, entre la arrogancia de la derecha y la tibieza del socialismo nos hemos quedado con los muertos sin enterrar. ¿Cómo puede sostenerse una democracia sin haber hecho justicia sobre este tema?
El PSOE impulsó tarde la llamada Ley de Memoria Histórica, hasta finales de aquella legislatura. Y aunque supuso en su momento un avance en la materia, era y es una ley poco satisfactoria. La actitud de la derecha fue entonces ruin y lo sigue siendo. Yo mantengo que este país nunca va a ser nada si no resuelve cuanto antes este asunto primordial. Solo haría falta un poco de magnanimidad por parte del PP. Me produce auténtica vergüenza que la sede del Premio Príncipe de Asturias en Oviedo esté en una calle que lleva el nombre del general Juan Yagüe, el autodeclarado responsable de la masacre de “rojos” en Badajoz; así como me sublevan otros mil insultos en la misma línea. No sé cómo España puede ir por el mundo con la cabeza erguida. Y ello sin mencionar los escándalos que llenan los periódicos día tras día. Da la impresión de que al Gobierno todo ello le importa un bledo. 

“España nunca va a ser nada si no resuelve cuanto antes el asunto de la memoria histórica”.

Usted ha dicho que el de García Lorca “es un crimen aún no resuelto del todo”. ¿Qué tan cerca –o tan lejos– estamos de su resolución completa?
“Resolución completa” no habrá nunca. Se trata del desaparecido más simbólico de la Guerra Civil: más simbólico, más llorado, más universalmente querido y admirado; con Cervantes, el mejor embajador español de todos los tiempos. Tuvieron cuarenta años para encubrir la verdad de lo ocurrido y lo hicieron a rajatabla. Y allí está todavía, en una cuneta aún no encontrada. Su propia familia se desentiende del asunto. Está en curso otro intento de localizarlo –la Junta de Andalucía apoya la iniciativa– pero desde hace meses no tengo noticia alguna al respecto. Sería mi mayor alegría, antes de morirme, que por fin hallasen los despojos mortales del poeta.

¿Qué cree que debe hacerse con el Valle de los Caídos y con los restos de Franco?
Para empezar, devolverlos a su familia (también los de Primo de Rivera). Luego desmantelar la odiosa cruz, que de cristiana no tiene nada. Después, resolver el asunto de los restos republicanos allí enterrados sin el permiso de sus familiares. Finalmente, ¿un centro de reflexión sobre la contienda? Quizá, para recordar a las generaciones futuras el horror de la dictadura.


Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal ¬ Aguilar

El autor quiere agradecer a Guillermina Robles, sin cuya intervención decisiva esta entrevista no habría sido posible. Agradece a Fabián Diez y Sergio Campos por la lectura de borradores y el intercambio de opiniones, a Olmo Calvo por su disposición y a Gabriela Mitidieri por los contactos y el cariño.

Alejandro Feijóo
Fotos: Olmo Calvo


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